lunes, 12 de octubre de 2015

MOUSSE DE MANGO

 

POSTRE TROPICAL. Hace unas semanas me llama una amiga y me pregunta por un postre distinto, diferente. Tenía una cita especial, con un chico especial al que quería sorprender con una cena pelín romántica. Tenía claro la parte salada, pero le faltaba algo dulce y original como final de la velada. No le apetecía hornear una tarta por aquello de que sólo eran dos, tampoco nada tipo hojaldre o pasta filo que hubiera que preparar en el momento, así que debía ser algo hecho de antemano, que no distrajera la atención. Llegamos a la conclusión de que debíamos pensar en un postre frío. Después de charlar un buen rato (de todo, menos del postre) no llegamos a ninguna conclusión, así que le prometí seguir pensando. Como siempre en estas ocasiones, tiro de Internet. Esa misma noche me puse a buscar postres por la red y enseguida lo tuve claro. Nada mejor para terminar una cena que con una mousse ligera, refrescante y nada empalagosa. La primera que encontré era de chocolate (la mousse clásica por excelencia), pero pensé que quizás con un toque cítrico, con cierto poder digestivo, podía resultar perfecto. Escribí en el buscador “mousses de frutas” y entre toda una ristra de entradas por fin encontré lo que buscaba: una mousse de mango. Aunque era tarde, le escribí a mi amiga un whatsapp dándole mi solución y no tardó en contestar un simple: “perfecto”.

viernes, 9 de octubre de 2015

GUISO DE GARBANZOS CON PATATAS AL AROMA DE CURRY


CAMBIO DE ESTACIÓN. Soy mujer de verano. Me gusta el sol, el calor y todo lo que ello conlleva. Me gustan las terrazas, los días largos, tener las piernas morenitas. Me gusta el mar, la piscina y cenar tarde. Creo que en verano hasta mi estado de ánimo lo nota. Cuando hace calor estoy más relajada, más contenta y animada. Pero claro, todo lo bueno se acaba pronto y con la llegada del otoño nuestros hábitos cambian, el tiempo se vuelve más frío, lluvioso y aunque a finales de septiembre termina mi estación preferida del año, siempre me animo pensando que llega el “momento cuchara” que, gastronómicamente hablando, es lo que más me gusta de estos meses. Estaréis de acuerdo conmigo en que cuando llega el frío nos hacemos más hogareños. El frío invita a que pasemos buena parte de nuestro tiempo libre en casa, disfrutando por ejemplo de un buen libro en el sofá o viendo series y películas en la tele y por supuesto, también apetece meterse en la cocina para preparar todo tipo de guisos contundentes. Durante estos meses vuelven a la mesa algunos de mis platos favoritos como el cocido, las lentejas, la fabada, las cremas de verduras y todo tipo de sopas que además de “ayudar a calentar el alma”, como dice una amiga, nos aportan los nutrientes necesarios para que nuestro organismo pueda afrontar estos cambios de temperatura.

miércoles, 7 de octubre de 2015

MARMITAKO DE BONITO DEL NORTE

 

DISFRUTAR COMIENDO. Hace unos días me puse morada de marmitako de bonito. No os engaño. Literal. Repetí un par de veces y lo dejé estar porque tampoco tenía mucha confianza con el resto de los comensales y me dio vergüenza pensar qué comentarían después acerca de mi voracidad sin límites una vez nos hubiéramos marchado del restaurante. Tengo que reconocer que cuando algo me gusta no tengo medida pero, ¿qué le voy a hacer si lo que más me gusta del mundo es disfrutar de la buena comida? El marmitako es un guiso marinero, un plato que aunque se pueda pensar que es perfecto para los meses de otoño e invierno porque se come caliente, los vascos, asturianos y cántabros suelen consumirlo en verano porque el bonito del norte no es posible encontrarlo durante todo el año sino a finales de agosto y durante el mes de septiembre, que es cuando está de temporada. Por supuesto, hay que tener en cuenta que los veranos en el norte de España no son tan calurosos como en el resto del país y el típico clima del norte invita a tomar platos contundentes como éste.

lunes, 5 de octubre de 2015

STRUDEL DE MANZANAS, PASAS Y PIÑONES


POSTRES CALIENTES. ¿No os da la sensación de que parece que hace ya tiempo que se terminó el verano? Lo cierto es que es llegar principios de octubre y ya estamos sumidos de nuevo en la rutina y en un día a día repleto de actividades. Niños, horarios, colegio, trabajo, compra, casa… Si al estrés laboral y familiar le sumamos el cambio de tiempo que suele acompañar a la estación se hace más que evidente la necesidad de reforzar nuestro organismo. Los cambios de estación son periodos en los que se debe prestar especial atención a la alimentación. Este cambio resulta más radical en otoño, época en la que se pasa del sofocante calor y de una inestabilidad y escasa rutina alimentaria a un periodo más frío en el que el organismo exige nutrientes más específicos para poder combatirlo, además de la necesidad de ingerir un mayor número de calorías, puesto que el organismo debe disponer de una energía mayor para poder mantener la temperatura corporal. Con la entrada del otoño los días comienzan a ser más cortos, bajan las temperaturas y comienzan las primeras lluvias. Este cambio estacional puede hacernos más propensos a gripes y catarros e incluso potenciar estados melancólicos o depresivos, ya que la falta de luz influye directamente sobre nuestro estado de ánimo. Fortalecer nuestras defensas, consumir alimentos propios de la estación y cambiar de hábitos pueden ser la clave para afrontar el invierno de manera saludable.

viernes, 2 de octubre de 2015

CONEJO AL AJILLO


TRADICIONES. El conejo al ajillo me recuerda a mi infancia. En mi familia hay mucha tradición cazadora y recuerdo haber oído hablar de cotos de caza y monterías desde bien pequeñita. Mi padre fue un aficionado cazador cuando era joven (hace muchísimos años que lo dejó) y en casa pude verle de vez en cuando limpiar y congelar las piezas que cazaban él y mis tíos, para después cocinar todo tipo de guisos con la carne de caza durante el resto del año. Palomas, tórtolas, liebres, conejos, corzos…  Hoy por hoy tengo que decir que no me gusta nada la caza, de hecho me horroriza el maltrato a los animales pero para ser sincera, mis recuerdos de aquellos años, en los que yo también participaba de alguna que otra cacería son maravillosos y eso sí, puedo asegurar que están más relacionados con el ambiente de la vida de campo en plena naturaleza, con los colores y olores de aquellos montes, que con la propia caza. Recuerdo levantarnos antes de que amaneciera, con mucho frío, vestirnos a toda prisa y montarnos en el 4x4 que nos llevaría hasta el coto. Recuerdo desayunar en el campo, alrededor de un fuego, donde en un gran perol se freían trozos de panceta, chorizos y hasta huevos fritos, que acompañábamos con unas grandes rebanadas de pan de pueblo y vino para los mayores, directamente de la bota de vino. También me vienen a la mente aquellos espectaculares perros de caza que acompañaban a los cazadores y que tanto nos gustaban a los más pequeños, a los que no debíamos molestar mientras “realizaban su trabajo”. Recuerdo silencio cuando los cazadores comenzaban a disparar, el ruido que hacían los cartuchos al salir de las escopetas y también el final de la cacería, cuando los cazadores regresaban con sus piezas y entonces comenzaba la verdadera fiesta que se coronaba con una gran comida, momento en que solían cocinarse todo tipo de guisos contundentes como las migas extremeñas o la caldereta de carne. Muchas veces, aquellas comidas se alargaban hasta el anochecer y solíamos regresar a casa ya de noche, dormidos en la parte trasera del coche, después de haber disfrutado de un día genial.